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El impacto de la cultura de la violación en el Perú

22nd March, 2019

Extraño muchas cosas de Perú, y demás decir que mi familia, amigos y la gastronomía peruana están entre las cosas que más echo de menos. Sin embargo, si hay algo que no extraño en lo absoluto, y que se me hace cada día un poquito más ajeno viviendo en Europa, es el tipo de comentarios que voy a compartirles a continuación referentes a la violencia contra la mujer. Más específicamente, la justificación de abusos sexuales cuando una mujer hace lo que, literalmente, cualquier hombre puede hacer sin riesgo: salir e interactuar con el mundo sintiéndose libre.

Este fue el post que apareció en mi Feed y, lógicamente, llamó mi atención.
Violación, robo, siempre culpa de la víctima, más no del perpetrador.
“En un mundo ideal…:
“Mis vecinos no piensan lo mismo, no sé de dónde salió esta encuesta”

He visto toda clase de argumentos pobrísimos y falacias que intentan darle la vuelta al asunto y justificar lo injustificable. Mientras más leo, abro discusiones y analizo comentarios, más me doy cuenta que, aunque el movimiento feminista y la ola de conciencia sobre el tema que se viene dando los últimos años estén vigentes, la premisa base que revela al Perú como un país machista sigue presente. Y es curioso ver como, cada vez que estos temas salen a la luz, caen en avalancha comentarios mayoritariamente masculinos, que intentan desligarse de cualquier tipo de responsabilidad y, aún peor, dar la vuelta al asunto y acusar siempre a la víctima. “No todos los hombres violan”. “Yo no violo”. “No me parece que digan que el Perú es un país de violadores”. En el 2016, el informe de la Organización Mundial de la Salud presentaba al Perú como 3er país con mayores índices de violencia hacia las mujeres, detrás de Etiopía y Bangladesh. Podríamos resumir que ese es el primer bloque donde se puede catalogar gran parte de la opinión pública.

El segundo gran bloque, es el de la resignación. Mayoritariamente femenino, pero no exclusivamente, una gran parte de la población está de acuerdo, con la idea de que eso se “ser realista”, que las mujeres deben adoptar ciertos códigos de conducta para evitar ser violentadas. Casualmente, casi todos esos códigos implican restricciones de uso libre del espacio público, restricciones de la forma de vestimenta, restricciones de horarios de salida nocturnas, y restricciones, en general, que limitan a las ciudadanas del derecho (que parecería obvio?) de vivir en su propia ciudad.

Pienso en este post del 2014, uno de los más leídos del blog, que tuvo un impacto tan fuerte sobre el tema del acoso callejero hacia las mujeres en Lima. Lo recuerdo ocasionalmente, cuando veo chicas en minifalda y tacos altos caminando solas en la noche parisina, o grupos de amigas tomando tragos en un bar sin que nadie las esté mirando o abordando con segundas intenciones. Esto no quiere decir que no exista la violencia contra la mujer en Francia. Para nada. En Noviembre pasado, un reporte salió rebotado en varios medios el cual indicaba que 86% de las mujeres en Francia se habían sentido acosadas alguna vez en las calles. De la muestra de 6025 mujeres entrevistadas, 24% aseguró haber sufrido algún tipo de acoso en el transcurso del año de la encuesta (2018). Sin embargo, casos como los de Eyvi Agreda, el cual remeció a la sociedad peruana el año pasado por su extrema violencia y fatal desenlace, es algo que sobrepasa la comprensión de muchos franceses y francesas con las que he conversado sobre el tema por varios motivos. La cosificación de la mujer, el sentimiento de propiedad y dominación en una pareja, el acoso normalizado en espacios públicos y la baja protección que el sistema legal y judicial ofrece a las víctimas en cualquier caso.

Ya deben haberlo leído mil y un veces, pero es la verdad: lo que vemos son las cifras de las mujeres que denuncian. Y qué implica denunciar? Generalmente: humillación por parte del cuerpo policial, incomprensión, falta de empatía, ser juzgadas por el entorno social, ser cuestionadas hasta el cansancio, y en no pocas ocasiones, ver al agresor salir libre. Y temer por las consecuencias. Todo esto sumado al evento que, ya de por sí, es traumático para cualquiera.

“No salgas para que no te pepeen”.
“La sociedad es así, así que si tomas y te violan, es tu culpa”.
“Todos tienen los medios para tomar taxis seguros todo el tiempo” y “Si quieres seguir la noche, te van a violar”.
“No estamos en un planeta seguro, así es pues”

Si bien la idea es tener cuidado, lo que vemos hoy en los espacios públicos de la sociedad peruana es la cultura de vivir en el miedo. De no hacer. De no salir. De estar vigilantes 24/7. Porque lo normal es que te ataquen, te roben, te violen. Y si sucede, es porque TU no tomaste la precauciones debidas. Una espiral de psicología perversa que culpabiliza siempre a la víctima y que tiene un final en dos instancias: la educación y el respeto. Y, claro, la voluntad de ejercer ambos.

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