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Siempre pensé que viviría en Nueva York

October 30, 2018

Hay recuerdos que, por razones que nunca entenderemos, se quedan grabados en nuestra memoria. Recuerdos que apenas tenemos en cuenta pero que cuando aparecen, cual canción nostálgica de nuestra adolescencia, nos transportan a los pensamientos que teníamos en esos momentos. Nuestras metas en esa época. Nuestro amor en esa época. Nuestra idea de qué seríamos y a dónde nos llevaría la vida, en esa época.

No tengo idea de por qué, pero para mí ese recuerdo es una noche de primavera en Lima, cuando tenía 20 años. Era la época donde comenzaba Androgyny, cuando iniciaba mi carrera de periodismo en la universidad —y tenía la presión de lograr tercio superior cada ciclo—, cuando modelaba en mis primeros desfiles en Lima y cuando trabajaba en una revista de sociales y moda cuyas oficinas se encontraban en la Plaza de Armas, en el Cercado de Lima. Era una noche de primavera y yo salía a correr cerca a mi casa por unos 30 minutos, desde el inicio del Paseo la Castellana hasta el Ovalo Higuereta, en Surco. Salía a correr, agotada con todas las actividades, pero con la motivación-adrenalina de una idea. Apenas tuviese la oportunidad, me iría a vivir a Nueva York.

La Gran Manzana es una ciudad que siempre me atrajo. De hecho es luego de disfrutar un verano en Nueva York —no pude evitar leer estas líneas cantando—, que nació mi curiosidad por iniciar un blog. Las novedades, los rascacielos, el movimiento, lo cosmopolita. Volví un par de veces, y no veía la hora de instalarme permanentemente en un pequeño departamento en Brooklyn y perseguir ese deseo pujante por ir más allá.

Hoy, escribo estas líneas no desde Nueva York, pero desde París.

París es una ciudad que todo el mundo ha visitado. Ya sea en vivo o en sueños. Es un lugar que ha creado una fantasía que cruza océanos de tiempo para vivir un romance tórrido con todos los que deciden vivir en ella. Pero nunca la había considerado. Nunca antes había entrado en mi radar.

Mirando hacia atrás, con una cierta distancia, comienza a entender mejor qué pasó con Nueva York. Es como si hubiese vivido enamorada de la idea de una persona, pero nunca tuve una relación concreta con él. Vivía ilusionada con la idea de los rascacielos cosmopolitas, los invocaba hasta en los momentos de agotamiento extremo cuando buscaba una motivación superior para justificar todo el esfuerzo, y eso me impedía contemplar otras opciones para dar el gran salto y salir fuera. Paris apareció ante mí de una manera totalmente inesperada, pero me sedujo con acciones concretas.

Tal vez se quede grabada en mi memoria la vista desde mi escritorio en el departamento parisino donde vivo ahora. Es de noche, y tengo una vista amplia de la parte trasera de un edificio del siglo XIX, con las luces del primer piso encendidas y un vecino lee un libro en la sala de su departamento en medias. No tendrá sentido para nadie más que para mí, que ése fue el momento donde me dije que está bien vivir con ilusiones que nos empujen a dar más, pero que es aún mejor disfrutar las sorpresas por las que nos lleva la vida. Y que aunque París es para mí en este momento, en algún punto será también un recuerdo.

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