À Paris

Todo ese tiempo perdido

27th May, 2019

Fotografía: Mirella Rodríguez (@ellamirez)

De entre todo el tiempo que podemos perder en redes sociales, a veces encontramos temas que no son sólo interesantes, sino que nos llevan a una pausa para dar un paso atrás y vernos a nosotros mismos en este momento de nuestras vidas. A raíz del post de la procrastinación que escribí hace unos días en Instagram, el concepto del tiempo empezó a dar vueltas en mi cabeza. De todas las ocasiones donde me he sentido excepcionalmente feliz y me hubiese encantado guardar todos los componentes de ese momento para poder experimentarlo en un futuro, cuando necesito de ánimo y buena energía.

Los humanos vivimos en cuatro dimensiones conocidas. Las tres primeras, longitud, ancho y largo. Lo que llamamos 3D en el cine y en ciertos videojuegos. Pero nos movemos también en la cuarta dimensión: el tiempo. Y a diferencia de las tres primeras dimensiones, que podemos modificar, el tiempo está fuera de nuestro alcance. Es por eso que sentimos esa nostalgia por los lugares que frecuentamos en nuestra infancia; tristeza, cuando escuchamos una canción que sonaba en la radio cuando nos partían el corazón por primera vez; alegría, cuando encontramos fotografías con personas queridas que no vemos hace mucho, y que nos impulsan a retomar el contacto luego de mucho tiempo, incluso años.

Escribí el post de procrastinación en redes sociales y todo el tiempo que perdemos, porque, si observamos la situación con cuidado, es tiempo que nunca recuperaremos. Es tiempo que perdimos en la angustia de no vernos tan perfectos como las imágenes inalcanzables de cuentas de famosos que seguimos en Instagram. Es tiempo que perdimos leyendo comentarios llenos de odio, sarcasmo, envidia y otras manifestaciones humanas que sólo manifiestan inseguridad y miedo. Es tiempo que perdimos, inmersos en la vida ajena, en las decisiones de otros y en eventos que no van a tener ninguna repercusión relevante en nuestras vidas. Y sobretodo, es tiempo que nunca vamos a recuperar.

Pienso en esto últimamente, cuando estoy tomando un poco de vino blanco en las orillas del Sena los fines de semana. Tomando la mano de alguien que quiero, escuchando las risas de niños alrededor y el suave murmullo de conversaciones adultas mientras tomo el sol. Y pienso que me gustaría poder modificar esa dimensión que transitamos en un solo sentido, una sola vez, durante nuestras vidas. Me gustaría poder retroceder en ella, modificarla como cuando modifico el largo de mi cabello cada tres meses. Pero como eso es imposible, me propongo prestar atención al momento que estoy cruzando, sobretodo si es uno que me da felicidad. Y vaya que difícil prestar atención hoy! Todo ese tiempo perdido…

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