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Todos iguales, pero todos diferentes

7th June, 2020

Decir que todos somos iguales es decir que todos nacemos exactamente bajo las mismas circunstancias. Sociales, culturales, políticas, financieras. Y eso, simplemente, falso. El punto de partida en la pista es distinto para cada persona, dependiendo en qué país, sociedad y cultura haya nacido.

La palabra que se repite más seguido en las protestas sociales que claman justicia en los Estados Unidos es Equality, que implica darle las mismas oportunidades a todos. Sin embargo, no se toma en cuenta las diferentes circunstancias que cada caso puede llevar. Equity, por otro lado, es el término que busca igualdad para las personas, tomando en cuenta que cada caso puede estar comenzando en una situación más, o menos, ventajosa.

“The difference between equality and equity must be emphasised. Although both promote fairness, equality achieves this through treating everyone the same regardless of need, while equity achieves this through treating people differently dependent on need. However, this different treatment may be the key to reaching equality.” — Social Change UK

La chispa que ha encendido la pradera ha sido el asesinato de #GeorgeFloyd y el desencadenamiento de protestas en múltiples ciudades de los Estados Unidos. El hashtag #BlackLivesMatter y el hecho de publicar un cuadrado negro en Instagram o cualquier imagen relativa a la lucha se viralizó rápidamente en las redes. Los nombres de ciudadanos afroamericanos que han perdido la vida en circunstancias poco claras frente a las fuerzas del orden han resurgido — Sandra Bland, Eric Garner, Freddie Gray.

No pocas personas han compartido sus propias historias sobre vivir el racismo en carne propia, o siendo testigos de situaciones racistas con personas cercanas. Y es observando esto que veo las diferentes maneras de tratar el tema según de dónde cuentan la historia. Para el contexto: soy una mujer peruana, nacida en el Perú de los 90s, que lee a diario noticias que vienen de los Estados Unidos, y que vive en la capital de Francia.

En Perú, en Estados Unidos, y en Francia, el racismo está presente.

Adama Traoré, el George Floyd de Francia

En Francia ocurre algo particular. Desde la Segunda Guerra Mundial, el panorama demográfico de Francia comenzó a cambiar con 2 millones de inmigrantes, principalmente de países del sur de Europa, norte de Africa y Africa sub-sahariana. Francia es tan diversa como los Estados Unidos, pero alrededor de 5% de la población francesa hoy es no-blanca y no-Europea. Puede parecer un porcentaje bajo, pero comprende alrededor de 3 millones de ciudadanos, y ha puesto el debate sobre la mesa sobre cómo debería abordarse el tema. Desde 1970, han constituido una política “color-blind”, que implica que el término “raza” o “etnicidad” está baneado de todo registro público, y no existen políticas precisas de apoyo o integración para ciertas zonas de inmigrantes, donde es sabido que la gran mayoría son de descendencia árabe o del norte de Africa, de primera o segunda generación.

“Race is such a taboo term that a 1978 law specifically banned the collection and computerized storage of race-based data without the express consent of the interviewees or a waiver by a state committee. France therefore collects no census or other data on the race (or ethnicity) of its citizens.”

Artículo completo sobre la política contra el racismo en Francia.

Sin embargo, los líderes políticos y la sociedad saben bien que la raza y la etnicidad importan, y esto ha sido utilizado por políticos como Jean-Marie Le Pen (Frente Nacional), el padre de Marie Le Pen, que se hizo de varios votos en las elecciones del 2017 azuzando un sentimiento de anti-inmigración y anti-semita. Y lo que más me preocupa —personalmente— es ver como incluso hoy en los comentarios de sus videos de declaraciones polémicas (léase racistas) muchos comentarios lo alaban.

Hoy, el racismo en Francia comienza a tomar forma junto con denuncias por violencia policial. Casos como el de Adama Traoré, un joven de 24 años muerto a manos de la policía en el 2016 —con múltiples reaperturas del caso para re examinar las pruebas a pedido de la familia—, son la reacción inmediata en Francia frente a la ola de indignación proveniente de #JusticeforGeogeFloyd.

Ahora, miremos el contexto. Francia nunca fue un país colonizado, más bien, es un país colonizador. Sin embargo, es también un país donde, gracias a un sistema solidario basado en la asistencia social —y al pago de altos impuestos—, la población puede tener acceso a un nivel de educación y salud por encima del promedio mundial. Y es aquí donde quiero enfatizar la diferencia de cómo el racismo toma diferentes formas según el contexto político, histórico y social, según el país del que estamos hablando.

El origen de la obsesión

El Perú ha estado marcado por una historia de colonización, de mestizaje y de violencia. Por un sistema de castas en la época colonial donde la descendencia de cada unión era catalogada, categorizada y calificada de manera jerárquica en la sociedad.

“El primer estrato de esta sociedad discriminatoria por la piel está ocupado, como ha quedado expuesto, por el sector blanco de la población. Lo constituye una minoría de españoles peninsulares ricos y muy influyentes (los llamados “gachupines” en Nueva España y “chapetones” en Perú) y de criollos que les siguen por prestigio socioeconómico. Es un hecho manifiesto que a medida que la sociedad colonial se había ido estructurando durante la anterior centuria, se fue dando mayor importancia a la pureza de sangre, derivando en la adopción de un sentido jerárquico y aristocrático, perfectamente conformado a principios del siglo XVIII. Tal fue la importancia atribuida a la limpieza de sangre (que en muchos casos no era limpieza absoluta de sangre blanca) que con frecuencia los individuos de este sector recurrieron en este período a la Audiencia para certificarla.” — L. Navarro García, El sistema de castas.

Y si toda esta historia puede parecer desligada a hoy, no hay más que ver arrebatos racistas como el del abogado Carlos Wiesse Asenjo, en pleno 2020, para entender que rezagos de esta mentalidad, donde el respeto hacia el otro es totalmente nulo, está aún vigente. Pensar que en el Perú, el sistema brinda las mismas oportunidades a todos es ingenuo, por decir lo menos. Oportunidades de educación, de salud, oportunidades laborales.

Qué me vas a cuidar solo, cholo de m***, yo me cuido solo. No tienes plata para estudiar en la universidad ni nada, por eso eres policía, ahora cuídame”.

Racismo, discriminación por falta de recursos, por falta de educación, menosprecio por un puesto de labor pública. Las taras que el Perú aún tiene por trabajar a fondo, en una sola frase. Para reclamar las mismas oportunidades para todos, primero tenemos que reconocer que en el Perú, no todos somos tratados como iguales. Y aunque algunos sectores de la población se desvivan con afirmaciones que la discriminación racial en el Perú no existe, que es cosa de gente resentida, y que todos tenemos las mismas oportunidades, basta dar un vistazo a las denuncias que salen regularmente en los medios. Inútil de hacer una compilación en este artículo, pero sí que es pertinente hacer una última recomendación: Nos Habíamos Choleado Tanto, de Jorge Bruce.

El punto de partida en el Perú tiene que iniciar entiendo por qué el racismo sigue sucediendo, incluso hoy. Por qué se dice que todos somos iguales —cuando incluso en los medios se hacen distinción entre ciudadanos y pobladores—, cuando un racismo estructural, mezclado con clasismo endémico, se encarga que esto sea absolutamente falso.

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